La 126.ª Asamblea Plenaria del Episcopado de Venezuela concluye con una exhortación pastoral que denuncia el empobrecimiento del país y la crisis de la educación y la sanidad.
El documento lleva por lema «Señor, en tu luz vemos la luz», versículo del salmo 36, y recoge las conclusiones de una asamblea que, según los propios obispos, se desarrolló en un clima de «oración, diálogo y escucha sinodal». Los prelados abordaron tanto asuntos eclesiales como los desafíos del país, que sitúan en «una de las etapas más complejas de su historia». El texto continúa la exhortación pastoral del pasado 9 de febrero.
Los obispos afirman que la Iglesia «no permanece ajena al dolor de su pueblo» y hablan de la «apremiante necesidad de una reconstrucción integral de la nación». Se dirigen al pueblo de Dios, a quienes ejercen liderazgo, a las instituciones públicas y a las personas de buena voluntad.
Entre sus preocupaciones citan el empobrecimiento generalizado, la vulneración de derechos humanos, la violencia, la lentitud procesal con los presos políticos, civiles y militares, y el abandono institucional que sufre la mayoría de los venezolanos.
Sobre la educación hablan de una «trágica y profunda crisis estructural», con sueldos «paupérrimos» para los docentes, escuelas precarias sin servicios básicos y alta deserción. En sanidad denuncian la escasez de insumos en los hospitales públicos, el salario insuficiente del personal sanitario y el deterioro de la red asistencial. Recuerdan además que la caridad eclesial no sustituye la obligación del Estado de garantizar políticas públicas de salud eficientes.
En el apartado económico señalan la pérdida de poder adquisitivo, los salarios sustituidos por bonos, la «pulverización» de las pensiones, el uso de varias monedas y la informalidad laboral. Según el texto, la mayoría de los venezolanos no cubre la canasta básica. A ello suman el «gravísimo problema del sistema eléctrico» y advierten de que, pese al «tutelaje económico», los ingresos del petróleo no han repercutido en el bien común. Citan la encíclica Magnifica Humanitas para defender que la economía debe estar al servicio del bien común y no de la especulación.
En lo político, la Asamblea describe un clima marcado por la polarización, la falta de institucionalidad y la restricción de garantías democráticas, y sostiene que superarlo exige recuperar la vigencia plena de la Constitución. Los obispos reclaman «elecciones libres y transparentes», con un Consejo Nacional Electoral imparcial y un Tribunal Supremo de Justicia independiente. Piden también el cese de las inhabilitaciones y el respeto a los derechos políticos de todos los ciudadanos. Junto a estas críticas, el documento reconoce algunos signos de esperanza, como las excarcelaciones de presos.
