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Lecornu se reúne con los sindicatos y anuncia un despliegue policial «masivo» ante nuevas protestas

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El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha convocado a cinco sindicatos para este miércoles. Promete un operativo de seguridad contundente para las protestas del sábado, tras unos disturbios que han dejado cerca de 150 encarcelados.

Lecornu comparecerá por la mañana ante los representantes sindicales para analizar cómo garantizar el derecho a manifestarse y evitar nuevos episodios de violencia. En paralelo, los disturbios de los últimos días han dejado más de 800 personas ante los tribunales y nuevas restricciones de circulación en París y otras ciudades.

«El despliegue para el próximo sábado será masivo», afirmó el jefe del Gobierno ante los legisladores en el Parlamento. Reconoció que la respuesta de seguridad había sido insuficiente. La convocatoria llega después de las críticas al Gobierno por la actuación de las fuerzas de seguridad ante los enfrentamientos, los saqueos y los incendios de edificios públicos y comercios del último fin de semana.

Según la carta enviada a los sindicatos, el encuentro abordará «los medios y las formas de garantizar la libertad fundamental de manifestarse». El texto advierte también de la presencia de grupos que intentan desvirtuar las movilizaciones con «actos inaceptables». No participarán los estudiantes secundarios, aunque algunos han convocado protestas para el sábado junto con el movimiento de los Chalecos Amarillos. Los sindicatos han convocado otra jornada de movilización para el 5 de noviembre.

Las autoridades aplicaron toques de queda parciales en París y otras ciudades. En la capital, el toque nocturno comenzó a las 21 GMT del martes y alcanzó la plaza de la República y el distrito de Les Halles. Se prohibieron las concentraciones en los Campos Elíseos, cerca de varios edificios públicos y en las estaciones ferroviarias. La Policía de París vetó además el transporte de latas o botellas de combustible.

Las fuerzas de seguridad arrestaron a un hombre sospechoso de tener vínculos con la ultraizquierda por el incendio que destruyó un ayuntamiento histórico en Limoges. El Gobierno atribuye los disturbios a grupos radicales de ultraizquierda, a los que Lecornu acusa de elaborar un «plan insurreccional».

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ofreció su dimisión el domingo y sostuvo que la Policía «había perdido el control». El presidente, Emmanuel Macron, la rechazó, y Nuñez tenía previsto asistir a la reunión. Los legisladores de las distintas fuerzas acordaron el martes abrir una investigación parlamentaria sobre posibles fallos de inteligencia, las tácticas policiales y la preparación del Gobierno.

La crisis llega a seis meses de las elecciones presidenciales. Marine Le Pen calificó los disturbios de «llamada de atención» que expone una «profunda crisis» de autoridad. Los sondeos la sitúan al frente en la primera vuelta, con Jean-Luc Mélenchon como principal aspirante a disputarle la segunda. Los inversores, mientras tanto, han vendido deuda francesa en las últimas semanas por las dudas sobre el control del gasto.