El Papa León ha declarado que «la pena de muerte es inadmisible porque es un ataque a la inviolabilidad y la dignidad de la persona».
En sus palabras, el Pontífice ha defendido que existen alternativas al castigo capital: «El bien común puede ser salvaguardado y los requisitos de la justicia pueden ser satisfechos sin recurrir al castigo capital: se han desarrollado sistemas de detención efectivos que protegen a los ciudadanos al mismo tiempo que no privan completamente a los culpables de la posibilidad de redención».
Con esta declaración, el Papa reafirma la postura del Vaticano sobre la pena capital, poniendo el acento en la dignidad humana y en la capacidad de redención del ser humano.
