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Cristianos perseguidos

Imponen a los católicos a soportar la marcha de la Orden de Orange que fue prohibida hace 28 años tras el asesinato de tres niños

Para entender las imágenes de barricadas que llegan hoy desde Portadown hay que remontarse casi tres décadas atrás. Esta mañana, cientos de residentes del barrio de Garvaghy Road han formado cordones humanos para frenar en seco el avance de la Orden de Orange. Se trata de un grupo protestante al que las autoridades han vuelto a dar permiso para desfilar por el corazón de esta zona católica.

Denuncian que estas marchas son actos de provocación de carácter anticatólico y una demostración de fuerza hostil. La ruta atraviesa las puertas de sus casas y reabre directamente las heridas de los asedios de los años 90, una época de extrema violencia sectaria que culminó en 1998 con el asesinato de tres niños católicos. Desde aquel año, la ruta por este barrio estaba vetada.

El polémico giro judicial de este fin de semana, que tumba la prohibición histórica, ha indignado a los residentes. Ahora mismo, un fuerte dispositivo policial separa a los vecinos atrincherados de la delegación de la Orden.

Las críticas apuntan directamente al Gobierno británico y a la Comisión de Desfiles por autorizar una marcha que rompe la paz del vecindario.

La Orden de Orange es una hermandad protestante fundada en 1795 para blindar la lealtad a la Corona británica y el dominio sobre la población católica. Sus desfiles conmemoran batallas militares del siglo XVII donde derrotaron a los católicos, y durante siglos han utilizado estas marchas como una herramienta de intimidación institucional: un alarde triunfalista diseñado específicamente para atravesar vecindarios católicos y recordarles, en la puerta de sus casas, quién ostentaba el poder en Irlanda del Norte.